Creyó estar de nuevo sumergida en aquel sueño
Creyó estar de nuevo sumergida en aquel sueño, pero la voz de alguien de la mesa le hizo reaccionar. No fue hasta más tarde que se dio cuenta de lo que significaba ese momento. Había vuelto como le anunció aquella noche.
Habían pasado ya años desde que se despertara en la habitación sola con la extraña sensación de haber vivido otro de sus no-sueños. Esas noches siempre se le graban y vuelven del recuerdo cuando quieren. O, como era el caso, se da de bruces con ellas.
Revivió el momento una y otra vez, como buscando una explicación que sabía que no encontraría. Una habitación oscura, un momento de salvaje necesidad de vida, sólo estaban ella y su guía enfrascadas en una lucha física y psíquica sobre la existencia. Su conocimiento interior le hacía explicar que el mundo nunca podría ofrecerle un ápice de felicidad. Su guía le respondía que más allá de lo miserable, decante, incoherente y destartalado existía la posibilidad de sentirse vivo.
Ya tenía acorralada a su guía, estaba a punto de darle el golpe final después de pelear durante horas, cuando se abrió ligeramente la puerta y la luz entró en la habitación haciendo que se girará a mirar. Y le vió allí, asomado, mirando la escena y con una mirada interrogativa. Ella le dijo que no volviera hasta que pudiera ver la belleza hasta en lo más salvaje. El la miró a los ojos y le contestó: «volveré cuando los dos la podamos ver«.
Y ahora le tenía delante.

