Canto a la mujer esteril
‘Canto a la mujer estéril’ homenaje a Yerma, de Federico García Lorca.
No tenía muy claro que cara debía poner ante aquel regalo tan… como decirlo… tan poco delicado. No es que estuviera fuera de lugar, hacia un mes que su ginecólogo le había dicho que sufría de una endometriosis severa y que no podría quedarse embarazada por el ‘procedimiento habitual’, una expresión que en aquel momento le pareció graciosa por el eufemismo que había utilizado para no decir ‘follando’. Pero era muy poco delicado regalarle ese libro en su 30 cumpleaños rodeada de familiares y amigos, que no todos estaban al corriente del diagnóstico.
Así que sucedió lo que se esperaba. Tuvo que pasarse la tarde noche dando explicaciones a todo aquel que se acercaba. Probo con lo de ‘no tengo ganas de hablar ahora’, ‘no es el momento ni el lugar’… pero viendo que entones sus invitados pensaban que estaba deprimida o dolida y la miraban con esa mirada caída, de cejas que se bajan como si sus caras fueran de cera y se estuvieran deshaciendo por efecto del calor de la sala (¡Dios! que calurosa era aquella sala, ahora que se daba cuenta, tenía que apagar la calefacción o abrir alguna ventana…), decidió dar explicaciones.
‘De verdad, no pasa nada. Tampoco es tan grave. Hay muchas mujeres con este mismo problema. No me supone ningún trauma. Total nunca he querido tener hijos y, en el caso que cambiara de parecer y quisiera, siempre podría recurrir a la inseminación artificial o a la adopción, que total hay muchos niños huérfanos. Además ¡lo que me voy a ahorrar en anticonceptivos!’
Al oír sus reflexiones, con la convicción y la alegría pintada en su cara, la gente le daba la razón y acto seguido se alejaba con una sonrisa condescendiente y creyendo que ya habían quedado bien. Estaba furiosa por dentro, llena de rabia por tener que dar explicaciones. Estaba convencida de su discurso, llevaba años repitiendo lo mismo. ‘No quiero tener hijos’. Le molestaba soberanamente que le preguntaran por qué. ¿Acaso ella preguntaba porque ellos los habían tenido o no? ¿Les decía: para qué te ha valido? ¿No tiene suficiente sentido tu existencia sin necesidad de darle sentido a través de un hijo? ¿Para qué quería la raza humana traer más individuos al mundo? Seres que padecerían sufrimiento y lo producirían. La vida no es algo alegre y divertido, la vida es enfrontarte a retos, dolor, problemas a diario… ¿Cómo alguien era tan cruel como para ‘crear’ una nueva persona para que sufriera? Le parecía tan inconcebible…
Y allí estaba ella. Sentada sola a los pies de la cama, con un vaso entre las manos, mirando fijamente al interior y descubriendo que estaba vacío.
