Doctor, doctor
– Doctor, doctor… necesito que me cure, he vuelto a trabajar y ¡estoy feliz!
– ¿Y cuál es el problema?
– Hombre dr., cada año he venido a su consulta a la vuelta de vacaciones por cansancio, decaimiento, falta de energía, tristeza… Y cada año ud. me ha dicho que tenía síndrome post-vacacional y me ha recetado antidepresivos.
– Sí, es cierto.
– ¿Cómo es que este año no me afecta?
– ¿Está al tanto de las noticias últimamente?
– Sí doctor, me ducho con la radio. Me preparo con la tele y leo la prensa con el café. Pero no entiendo…
– En las últimas semanas, ¿qué noticias ha visto últimamente?
– Gripe A, las ayudas a los parados, alguno que ha matado a su mujer…
– Y los años anteriores, ¿recuerda los temas?
– Más o menos… el accidente de Barajas, la vuelta al cole
– y el síndrome post-vacacional.
– ¡Cierto! Este año no han dicho ni ‘mu’
– Mire voy a ser sincero: no es el primero que acude por el mismo motivo. Pero como le he dicho voy a ser sincero.
– Doctor, me está asustando…
– Mire… muchos creen que es un efecto secundario de la crisis: en lugar de estar apenados por trabajar, están felices por tener trabajo. Pero la realidad es que cómo la gente ya se había acostumbrado al síndrome, la cantidad de pastillas vendidas ha ido disminuyendo año tras año. Las farmacéuticas empezaron a tener pérdidas y decidieron crear la crisis, como tienen tanto poder y todas pertenecen a corporaciones que pertenecen a bancos o similar pues fue fácil. Ahora venden antidepresivos todo el año, y además han conseguido vender tranquilizantes a los que ven peligrar su puesto, a los pequeños empresarios… Así que ud. no se precupe, tómese esta 3 veces al día y cerá como no vuelve a pensar.
-Gracias, supongo, doctor.
– Nada, nada, es mi trabajo… ¡Siguiente!