amsterdam o el lugar dónde ser uno mismo
Hace años que repito a quien quiere escuchar (que reconozco que cada vez son menos) que amsterdam es mi ‘ciudad favorita’. Quizás no viviría nunca allí, soy mediterranea y eso de no tener sol y la lluvia, el clima vamos, no lo llevo muy bien. Pero cuando tengo que escapar de las ataduras de una profesión, y por extensión, una vida que muchas veces fuerza a un ‘aparentar ser‘ o ‘hacer creer que se es‘ me dejo llevar a la capital de los Países Bajos.
¿Por qué? fácil. Amsterdam trasmite sensación de libertad. ¿En que otra ciudad del mundo uno puede entrar al casino con bermudas y chanclas? o ir a un restaurante de lujo como si fuera al bar de los paletas de la esquina de la oficina (: on todos mis respetos por los bares de paletas y por los paletas), o fumarse un porro, o ir de putas sin que eso sea un delito, o ir donde quieras en bici ¡teniendo preferencia!, o encontrarte mercados por cada esquina, o vivir en una casa con un enorme ventanal que permite a los paseantes que te vean pero que no te importe ni te mueras de miedo porque te roben o te violen o te ataquen,… Podría seguir, pero me enrollaría demasiado.
Total, sólo quería recomendaros algunas cosillas:
– Para los aficionados al futbol es impepinable visitar el amsterdam arena, no sólo por su historia, sino también porque ¡ese si es un estadio! con un parking de bicicletas enorme (sí, se puede llegar en bici), por su arquitectura, por las tiendas que hay alrededor (Media Markt incluido), por el centro comercial SÓLO DE INTERISMO que tiene anexo… Además se llega en 20 minutos de tren.
– El Mercado Albert Kuip (creo que se escribe así… ). En verdad ni es un mercado enorme, ni tradicional, ni de curiosidades. Es un mercado normal y esa es la gracias que tiene, ver la vida del día a día de una ciudad que no es la tuya y meterte en ella.
– Y el museo heineken. Yo todavía no he entrado, lo reconozco, pero ¡esta vez no se me escapa! Te enseñan la fábrica, te dan regalitos y cerveza… Además Heineken fue mi primera cerveza (sí, la primera que me tomé no fue hasta los 17) y ‘mi primera vez’ fue en Amsterdam. Y mi primer ‘cigarrito de la risa’ también fue allí (a los 30)
¡Que ganas que tengo ya de volver y hacerlo tan bien acompañada!