na-na na-na-na na-na na-na na-ná
na-na na-na-na na-na na-na na-ná
Se descubrió a si misma tarareando ‘New York, New York’ mientras la sangre se escurría desde sus manos hacia el desagüe. Se sentía relajada, tranquila, como en trace mientras hacía desaparecer las manchas rojas de sus brazos y desmontaba el cuchillo para no dejar rastros.
«¡Y dicen que la tele nos atonta y no aprendemos nada! ¡Ja! La sangre se mete dentro de la empuñadura y se queda allí hasta que un CSI lo desmonta y te culpan de asesinato.» Tenía que eliminarla del todo.
I wanna wake up in a city
That never sleeps
And find I’m king of the hill,
Top of the heap…
Pero no. aquello no era como las películas. No necesitaba una ducha para purificarse, no sentía remordimientos, ni la urgencia de salir huyendo. Era, simplemente, una cosa más, algo natural e innato.Siempre había sabido que era capaz de hacerlo. Empuñar una pistola, sentirlo y usarla. Abrazar un cuello con las manos y apretar y observar como luchaba por conservar su vida. Aquel látigo que sostuvo una vez en sus manos y que alguien le quitó al ver como se le transformaba la cara. Pero no fue un revolver, fue un cuchillo común.
Un cuchillo que había usado cientos de veces para cortar el lomo de cerdo que compraba en caña porque era más barato. Hoy también había servido para cortar un cerdo, no su lomo, pero lo había rajado fácilmente. Sonrió. Levantó la cabeza y vió su rostro en el espejo. Nada tenía que ver aquella apariencia dulce y frágil con lo que corría por su cabeza. Nadie se lo notaría, porque nada había cambiado. Sólo que ahora había confirmado algo que ya sabía, que podía matar a sangre fria.
No lo había preparado. No sabía que iba a suceder. Pero estaba hecho.
Y nada había cambiado.
I want to wake up in a city
That never sleeps
And find I’m A-number-one,
Top of the heap,
King of the hill,
A-number-one…