Cuando la química se transforma
Llega un momento en el que las miradas, los gestos, los mensajitos ya han pasado de largo. Lo que sirvió para comprobar si la química era mutua pasa a ser un vehículo de como canalizarla y compartirla. La forma de contactar con el otro.
Después han llegado las citas, los besos, las confidencias, la complicidad. Y entonces aparece la duda..
¿Cómo se sabe si lo que te pasa es fruto de la química («un encoñamiento» o «en-quimicación«) o si se ha convertido en un enamoramiento?

La respuesta es difícil, puesto que la química hace el efecto de una droga. Cuando la consumes te provoca euforia, desgana, nerviosismo… Cuando hace poco que has de dejado de tomarla tienes que pasar la desintoxicación: angustia, melancolía, atontamiento…
Supongo, y esto es una conclusión personal y propia a la que he llegado después de observar analizar y pensar durante largo tiempo, que se puede ver claro cuando han pasado días o semanas (no hay ninguna prueba científica que lo demuestre, como a mínimo que yo sepa).
Si la relación se basa en la química esta droga ya se ha eliminado del tu organismo y dejas de sentir sus efectos (como mínimo hasta que ves de nuevo al otro) o se diluyen.
Si el que lo que se siente es melancolía, tristeza, abatimiento. Si despiertas pensando en el otro, si la pena y la angustia por no tener noticias suyas te consumen. Si el corazón se acelera al escuchar su nombre o al verlo escrito. Si todo te recuerda a esa persona. Si sientes que te ahogas… O lo que has tomado es crack (la única droga que te convierte en adicto con una dosis) o se ha transformado y te has enamorado (en algunos casos como un idiota).
¿Qué hacer una vez te das cuenta? O buscar un antídoto (el tiempo, la distancia…) o dejarte llevar.
Tú eliges.
El amor, que absurdo deseo…lo buscamos, lo ansiamos y siempre se vuelve contra ti…que daño nos hizo Disney a todas las mujeres que soñamos ser princesas, que esperamos a ese principe….El amor siempre trae lágrimas y sin embargo, que dulce escozor…