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blog de laura cano & amigos

¿dos en la cama, son multitud?

octubre4

Antes de que me acuse de plagio he de confesar que este tema no se me ha ocurrido a mi solita. Hace un par de días (con cierto retraso, lo sé) leí en el blog de Marc Riera un post sobre dormir sólo o en compañía y no pude evitar dejarle un comentario al respecto. Como no he podido evitar escribir este post. Porqué la pregunta fundamental es:

¿dos en la cama, son multitud?
En la cama para dormir, claro, para el resto de funciones que nos brinda esa plataforma horizontal que cada uno elija según gustos, aficiones y momentos.

Laura Cano - dormir solo o en compañíaPor lo que, manteniendo mi fama de poco romántica, reconozco que prefiero dormir sola y si puede ser en una cama grande, mejor.

compartir cama, aunque sea muy bien acompañado, significa pactar el espacio, el lado donde dormir, estirar las sábanas porqué el otro se ha quedado con la mayor parte. Soportar los ronquidos, el aliento en el cogote o peor en la cara, la respiración demasiado cerca o demasido fuerte, el calor (y el olor no siempre agradable) que desprende el otro cuerpo cuya temperatura nunca es igual a la pròpia…

Y todo esto sin contar con lo incómodo que resulta pasarse la noche abrazados, con el brazo aplastado, sin atreverse a moverse para no molestar. Y tener que aguntarse los pedos, la tos, los eruptos. Y sufrir porque hablas en sueños y no controlas que puedes decir, y porqué te mueves y das golpes… Y escuchar el despertador de la otra persona… ¿Y si tienes insomnio? ¿y si quieres poner la tele y a la compañía le molesta? ¿y si te gusta leer antes de dormir y no soporta la luz encendida?

Vamos todo ventajas eso de ser románticos (espero se entienda el cinismo).

Repito lo dicho, pero sin interrogantes: dos en la cama son multitud.

Por cierto… ¿Para cuando un videojuego que simule sueños?

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el buen sexo nos abduce

septiembre11

El buen sexo nos abduce. ¿O no es cierto que el mejor sexo que habéis tenido ha pasado siempre por olvidar en ese momento todo lo que hay alrededor?

No recordar donde estás ni quien hay por allí. Obviar el hecho de que pueden pillarte en cualquier momento, no saber si han pasado 10 minutos o 1 hora…

Únicamente eres capaz de vivir el presente, de disfrutar esperando lo siguiente, sin pensar en nada que no sea en el placer.

Te entregas totalmente a un ‘carpe diem’ en el que el centro de tu existencia se encuentra más abajo del estomago y en el que tu cerebro se pone en ‘stand by’.

Cualquier gesto, roce, caricia tienen la fuerza de hacerte estremecer y la realidad no es más que el contacto con el otro.

El buen sexo nos abduce y no deseas que Mulder y Scully te encuentren 😉

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los besos son un reflejo de nuestros sentimientos

septiembre2

prólogo/
Hay que tener claro que hay 2 tipos de besos: secos y húmedos. Los besos secos son los conocidísimos ‘picos’ y los húmedos los que se dan con lengua.
/fin del prólogo

Cuando la química se manifiesta besarle es una obsesión. ¿Cómo serán sus besos? ¿A qué sabrán? ¿Cómo sentiré sus labios? ¿Dónde será? ¿Cómo lo conseguiré? ¿Lo conseguiré?

Nota del autor: si el primero no es bueno, no pasa nada, es el primero y no os conocéis. Pero si el segundo no lo es… mejor no ir a por un tercero.

Cuando ya le has besado se convierten en una necesidad. Como la canción de la 5ª estación (¡anda! he hecho un pareado sin haberlo preparado) «me muero por besarte…» mejor no sigo por si llueve… Sientes físicamente que te faltan y tu vida se convierte en una búsqueda de momentos para poder besarle.

Hasta que no te lo llevas a la cama (o la mesa, o al cuarto de las escobas, o al huerto… cada cual que elija) son besos húmedos: excitantes, eróticos, libidinosos. Representan lo más próximo que puedes estar del otro. Las lenguas sustituyen la penetración, por así decirlo.

Cuando ya ‘ha pasado por el aro’ (que fina estoy hoy…) se van volviendo escasos. Todo va en función de cuantas oportunidades de jugar al aro tengas, claro. Como más juegues al aro, menos besos.

me encantan tus besos - Laura Cano

Y a medida que la relación avanza los húmedos van desapareciendo y sólo quedan los secos. De vez en cuando quizás caiga algún húmedo, pero será seguramente una petición de sexo y en cuanto accedes se acabaron de nuevo.

Los secos se convierten en una rutina, como el acostumbrarse a llamarse ‘amor’, ‘cariño’, ‘churri’… son un recordatorio de que el otro es más que un amigo.

Ya no nos apasiona, ya no le necesitamos, ya no sentimos lo mismo. Esto no es bueno ni malo. Es un hecho. Pero, ¿y si deseas esos besos? ¿y si los reclamas? ¿y si los necesitas? ¿y si los quieres sentir y no los tienes?

Estoy convencida que existe una relación directamente proporcional (ahora me sale la física que llevo dentro) entre la cantidad y calidad de los besos y la ‘buena salud’ de una pareja. Como eso de: si andas cabizbajo y encorbado arrastrando los pies es porque estás deprimido. Bien, pues cuando estás deprimido si haces un esfuerzo por caminar con la cabeza alta, la espalda recta y sin arrastrar los pies te sientes mejor y es una terapia para superar ese mal momento. Pues creo que con los besos sucedería lo mismo.

Así que, cómo hoy estoy reivindicativa, alzo mi voz (mejor dicho mi teclado) y propago a los cuatro vientos que promulguen una nueva ley: Existe la obligación por parte de las implicados en la relación de no dejar desaparecer los besos.

Cómo diría Víctor Manuel: «A dónde van los besos que no damos… «

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sexo y chocolate

agosto30

– Buenos días, gracias por llamar a nuestro programa, ¿cómo te llamas?
– Mariana.
– Hola Mariana, gracias por llamarnos. Tú has sido la afortunada ganadora del micro-sueldo, mil euros al mes para toda la vida… ¿qué vas a hacer con ese dinero?
– Pues la verdad es que voy a cumplir mi mayor deseo: Quiero vivir de chocolate y sexo. Sí, sí, lo habéis oído bien. Siempre he estado trabajando para poder mantener una hipoteca y pagar el satélite y poco más. Hace un tiempo conocí a un hombre, ¡Luís Alfredo hola!, que me ha descubierto un mundo nuevo: el buen sexo. La verdad es que no hablamos mucho cuando nos vemos. Un par de preguntas de como te ha ido el día y del primer beso ya pasamos a los besos con lengua, los achuchones, los calentones, nos acercamos, las manos empiezan a moverse y vamos… que acabamos follando. Sexo en la mesa, en la cama, en la cocina donde se tercie.
sexo y chocolateY del bueno, no te creas, de ese con el que no puedes parar de jadear y de arquearte y eso. De ese que te gustaría que no acabara nunca… pues eso. Y siempre al acabar nos comemos una tableta de chocolate negro, que nos apasiona a los dos. Así reponemos fuerzas y quemamos las calorías… Así que con esos 1000 euros voy a alquilar un estudio, pequeño, no necesito mucho y voy a comprar chocolate para pasarme el resto de mi vida, o al menos hasta que me canse practicando sexo y comiendo chocolate. Gracias por brindarme la oportunidad de hacerlo.

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somos animales, dotados de todos sus instintos

agosto23

Qué somos animales, dotados de todos sus instintos (más o menos aletargados), es algo que ya he escrito y se que me repito. Pero no somos conscientes de ellos la mayor parte de nuestra vida y yo estoy haciendo un ejercicio para reconocerlos en mi y en los demás.

Es más fácil de lo que parece, sólo es necesario fijarse en la comunicación no verbal (sí, ya se que me repito de nuevo) y es que esos son los rasgos que nos quedan de nuestros instintos animales. En como cambiamos los gestos, las posturas, las costumbres dependiendo de con quien compartimos el espacio.

El clásico de la adolescente abrazada a la carpeta cuando camina sola por la calle o la cara de palo cuando el día es gris y lluvioso, pero mezclado con el resto de los ocupantes del espacio. Ejemplo: si esa chica camina por la calle abrazada a la carpeta está claro que está protegiéndose, que por alguna razón tiene miedo o se siente indefensa, pero si en lugar de hacerlo mientras camina sola lo hace cuando está en un bar con un grupo de gente es porque no se siente parte de él o porque hay alguien que le intimida.

Bien, pues si os fijáis en esos detalles veréis como hay gente que siempre ha cruzado primero las puertas y llega un día que se espera a que «alguien» pase primero, que en lugar de sentarse con la espalda curvada se estira y la mantiene erguida, que al caminar tiene un leve balanceo de caderas y los hombros echados hacia atrás, que se gira antes de que «alguien» entre en una habitación porque ha reconocido sus pasos, su presencia, su olor… Que acorta distancias, que busca un mayor contacto, que sonrie con mayor facilidad, que mira más intensamente… Resultado: Química

O que rehuyé quedarse solo, o que se mantiene en un rincón, que sus brazos están permanentemente cruzados, que mira fijamente una hoja sin levantar la cabeza, que siempre parece estar ausente y alerta a la vez, que guarda distancias… Resultado: está muy incómodo, no quiere seguir allí, la situación no le gusta y está buscando la forma de huir.

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