prólogo/
Hay que tener claro que hay 2 tipos de besos: secos y húmedos. Los besos secos son los conocidísimos ‘picos’ y los húmedos los que se dan con lengua.
/fin del prólogo
Cuando la química se manifiesta besarle es una obsesión. ¿Cómo serán sus besos? ¿A qué sabrán? ¿Cómo sentiré sus labios? ¿Dónde será? ¿Cómo lo conseguiré? ¿Lo conseguiré?
Nota del autor: si el primero no es bueno, no pasa nada, es el primero y no os conocéis. Pero si el segundo no lo es… mejor no ir a por un tercero.
Cuando ya le has besado se convierten en una necesidad. Como la canción de la 5ª estación (¡anda! he hecho un pareado sin haberlo preparado) “me muero por besarte…” mejor no sigo por si llueve… Sientes físicamente que te faltan y tu vida se convierte en una búsqueda de momentos para poder besarle.
Hasta que no te lo llevas a la cama (o la mesa, o al cuarto de las escobas, o al huerto… cada cual que elija) son besos húmedos: excitantes, eróticos, libidinosos. Representan lo más próximo que puedes estar del otro. Las lenguas sustituyen la penetración, por así decirlo.
Cuando ya ‘ha pasado por el aro’ (que fina estoy hoy…) se van volviendo escasos. Todo va en función de cuantas oportunidades de jugar al aro tengas, claro. Como más juegues al aro, menos besos.

Y a medida que la relación avanza los húmedos van desapareciendo y sólo quedan los secos. De vez en cuando quizás caiga algún húmedo, pero será seguramente una petición de sexo y en cuanto accedes se acabaron de nuevo.
Los secos se convierten en una rutina, como el acostumbrarse a llamarse ‘amor’, ‘cariño’, ‘churri’… son un recordatorio de que el otro es más que un amigo.
Ya no nos apasiona, ya no le necesitamos, ya no sentimos lo mismo. Esto no es bueno ni malo. Es un hecho. Pero, ¿y si deseas esos besos? ¿y si los reclamas? ¿y si los necesitas? ¿y si los quieres sentir y no los tienes?
Estoy convencida que existe una relación directamente proporcional (ahora me sale la física que llevo dentro) entre la cantidad y calidad de los besos y la ‘buena salud’ de una pareja. Como eso de: si andas cabizbajo y encorbado arrastrando los pies es porque estás deprimido. Bien, pues cuando estás deprimido si haces un esfuerzo por caminar con la cabeza alta, la espalda recta y sin arrastrar los pies te sientes mejor y es una terapia para superar ese mal momento. Pues creo que con los besos sucedería lo mismo.
Así que, cómo hoy estoy reivindicativa, alzo mi voz (mejor dicho mi teclado) y propago a los cuatro vientos que promulguen una nueva ley: Existe la obligación por parte de las implicados en la relación de no dejar desaparecer los besos.
Cómo diría Víctor Manuel: “A dónde van los besos que no damos… “